Anita's Devotions

 

Digamos Adiós a las Heridas de la Familia

Por Anita Carman

Querido creyente,

En el segundo capítulo de mi nuevo libro, “Making Sense of Your Life-Breakthroughs to Finish the Dream” (Dándole Sentido a Tu Vida-Superaciones Para Terminar el Sueño), he citado a Ella Wheeler Wilcox, quien dijo:” Hay una triste realidad en la vida de la que me he dado cuenta al ir de este a oeste – Las únicas personas a las que realmente herimos son aquellas a quienes más amamos”. ¿Estás sufriendo por una herida de tu familia?

El párrafo siguiente es un extracto del libro: Nuestro árbol genealógico terrenal está limitado por el tiempo y el espacio, pero nuestro lugar en el árbol genealógico de Dios es ilimitado. En Juan 1:11-13, el apóstol Juan nos dice que Jesús “Vino a lo que era suyo, pero los suyos no le recibieron. Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios.  Estos no nacen de la sangre, ni por deseos naturales, ni por voluntad humana, sino que nacen de Dios.” Lo que Dios quiere es un hijo en la fe. No podemos elegir a nuestros padres sanguíneos. Sin embargo, un hijo en la fe puede optar por ser parte de la familia de la fe en Dios. En la familia de la fe en Dios, cada persona entra por la creencia en el sacrificio de Jesús para el perdón de nuestros pecados. En nuestra aceptación del don de Cristo, entonces Dios nos sella de forma permanente en su familia eterna. Juan 1:13 nos dice que la gracia de Dios no se basa en los hijos que nacen “de la sangre, ni por deseos naturales, ni por voluntad humana.” Lo que Dios quiere es hijos “que nacen de Dios.”

Si alguna vez has sufrido de una herida familiar, entonces en lugar de lamentar lo que has perdido, deja que Dios use esas pérdidas para atraerte a él. Él quiere que nosotros encontremos nuestro lugar con él como nuestro padre máximo y en un papel que sirve a un reino eterno. Cuando la vida se sienta abrumadora, tal vez sea hora de elevar la mirada hacia algo más alto. Tal vez tu mundo es demasiado pequeño. Después de todo, la vida no se trata de nuestro pequeño mundo, sino de nuestra posición en el mundo de Dios y de su misión para salvar al mundo. Dios puede mirar directamente a nuestra alma y pronunciar nuestro futuro. No va a estar restringido por las limitaciones de nuestra familia sanguínea o por las circunstancias en nuestra educación. ¿Ya es hora de vivir como un miembro de la familia de la fe de Dios y dejar que Dios forme tu identidad y tu futuro?
Oro por que esta devoción te haya animado de una manera especial. Cuando oro por tí, escucho una canción de victoria. Creo en tí porque creo en el poder de la Palabra de Dios en tí, y cómo pones Su palabra en acción.

Con cariño, Anita