Anita's Devotions

 

No es Nuestro Problema Resolver

Cuando me paso el tiempo observando lo que alguien más está haciendo por Dios, es porque he perdido el rumbo de lo que Él me ha llamado a hacer. Una razón por la que he perdido inercia en el pasado es porque la visión hizo choque con la cultura. Cuando eso sucede, puedo darme por vencida y decir: “Supongo que a nadie le importa esto” e irme a casa o puedo acudir a Dios como lo hizo Moisés hace muchos años cuando el Faraón no dejó ir a la gente. En pocas palabras, Moisés le dijo a Dios: “¡Hice lo que dijiste que hiciera y las cosas no sucedieron de la manera que esperaba que sucedieran!”

 

La lección que podemos aprender viendo el encuentro de Moisés con Dios es recordar que no nos llamamos a nosotros mismos. No estamos implementando nuestra propia visión. Entonces, cuando las cosas no salen como esperábamos, no es nuestro problema resolverlas. Dios es el responsable de su propia visión. Solo tenemos que seguir y obedecer sus directivas. La forma en que he aprendido a evitar perder todo ímpetu es volver a calibrar mi pensamiento para alinear mis pensamientos con la verdad. La verdad es que no estoy corriendo una carrera contra otros creyentes. Estoy corriendo una carrera para darle lo mejor a Dios, mientras uso cada regalo, cada energía, cada recurso que me ha confiado. Dios no me pidió que me comparara con otros creyentes, sino que me conforme a la imagen de su Hijo. Puedo compararme con Jesús, reconocer que siempre me quedaré corto, y servir con una actitud de humildad y agradecimiento que Dios me llama a servir en cualquier rol en Su reino. Cuando la visión que Dios me ha dado se topa con una pared, no dejo que esa pared me detenga. Encuentro una grieta en la pared, rodeo la pared, o simplemente me paro y observo cómo se derrumba en el poder de Dios. La gran noticia es que tengo que volver a Dios y decir: “¿Y ahora qué?” Es como si tuviera un pase abierto para ingresar a la oficina del presidente y decir: “¿Jefe, y ahora?” Siempre y cuando tenga acceso completo al salón del trono, tengo los recursos que necesito para seguir.

 

Cuando oro por tí, escucho una canción de victoria. Creo en tí porque creo en el poder de la Palabra de Dios en tí, cuando pones Su palabra en acción.

 

Con cariño de Anita Carman